11.10.13

El día en que decidió llorar I.



"Cuando dije que estaba sobreviviendo, me refería simplemente a respirar. ¿Has colocado el piloto automático? Te mueves, sonríes, respiras, sueñas -falsamente-, juegas, crees vivir, te levantas, te sumerges, caes, y vuelves, abres los ojos… y. ¿Y, qué más? Es la parte más importante, la que se decide después de sobrevivir, no es un círculo vicioso, es más que eso, diría que es una decisión de vida o muerte."



10.10.13

El amor.


"El amor puro es el sentimiento más generoso que existe, por eso es tan poderoso. Cuando amas a alguien de verdad, dejas de ser egoísta, porque realizas una entrega personal. Lo único que te importa es que la otra persona sea feliz, aunque sea lo que sea lo que decida hacer, te haga daño. Por ejemplo, si la persona a la que amas de verdad es feliz sin ti, la dejarás ir, aunque eso te cause un dolor insoportable. 

Y por eso creo precisamente que ese tipo de amor es peligroso, porque el hecho de poner tu corazón en las manos de alguien mientras le miras a los ojos y le dices a través de ellos que su felicidad es tu felicidad, no suele tener una reacción positiva. Cuando haces eso, la gente se acojona. Cuando realizas una entrega absoluta de ti mismo, la gente se siente insegura, presionada, indigna de sostener en sus manos tus esperanzas, tus sueños, tus ilusiones, tus miedos, tus defectos y tus dudas. Se acobardan y se largan, porque nadie está habituado a amar de esa manera.
Y esa es la razón por la que creo que un punto medio de afecto y amor, está bien. Consiguiendo un equilibrio entre ambos conceptos, puedes desarrollar una relación preciosa que al cabo de unos años alcance ese tipo de amor, sin las dudas ni el acojone que provoca realizar una entrega absoluta inmediata."



8.10.13

Ella tenía el mundo colgando de un hilo.


"No te quiero, sólo estoy pasando el tiempo
Podrías quererme si yo supiera cómo mentir
Pero, ¿quién podría quererme?
No estoy en mis cabales."

7.10.13

Conciencia.

¿Que qué es la conciencia? La conciencia es una hija de puta. Es esa que siempre te suelta un "ya te lo dije" en el momento que más te molesta. La que te hace pensar en lo que pudiste hacer y no hiciste; en lo que pudiste decir y no dijiste. Te hace darle mil vueltas a las cosas para acabar pensando siempre que lo has hecho todo mal, incluso aunque no sea así. Te puede llegar a hacer creer que te has portado mal con alguien, cuando puede ser al revés. Pero tú pensarás que no es así porque tu conciencia, tu maldita conciencia, te dice que lo has hecho mal. Por muy bien que intentes actuar en el momento, la conciencia va a llegar al poco rato para decirte "podrías haberlo hecho mejor". Cuando creas hacer bien al confiar en alguien y te den la patada, allí estará ella para soltarte un "no hubieras confiado". Y cuando alguien te hable mal de otra persona, tú, que intentas tener criterio y ser buena persona y no guiarte por habladurías en lugar de hechos, no harás caso... Hasta que esa persona haga lo mismo de lo que la culpan, y la conciencia te soltará un "te lo dije" tan enorme, que desearás que salga de tu cabeza de una vez por todas.

Por otra parte, con todo lo que te castiga a ti y a tu mente la maldita inquilina, parece no preocuparse ni hacer caso a otros tantos. ¡Ni que sólo yo debiera tener remordimientos y escuchar día tras día a esa idiota, cabezona y prepotente voz! Sus aires de superioridad me ponen enferma. Es irritante, molesta y sólo hace que te sientas mal contigo misma, planteándote día tras día la pregunta: "¿Estoy actuando bien?". Tu vida puede ser como "La casa de la pradera", pero ella seguirá ahí haciendo que dudes de tus decisiones y de cada uno de tus actos.

Esa es la conciencia.

2.10.13

Escritura automática I.

02/10/2013 22:58

Ese día decidió ponerse las zapatillas nuevas. Esperaba deseosa la llegada del ascensor; y, una vez en él, se seguía sintiendo inquieta. Al salir del portal sintió un frío cortante que le heló los huesos, se ajustó la bufanda hasta que le tapó la nariz y, simplemente, caminó. No sabía muy bien a dónde ir, pero no podía quedarse en casa. Se sentía ahogada y sin libertad, sola, aburrida. Los días se hacían repetitivos y grises. Mientras estos pensamientos le inundaban la cabeza, un escalofrío recorrió su espalda, se alargó las mangas hasta que éstas cubrieron casi las puntas de sus dedos y exhaló un poco de vaho para calentárselas. Las hojas rojizas crujían bajo sus pies, y los árboles parecían estar pasando tanto frío como ella. Sin saber muy bien por qué, una lágrima quiso escapársele; no por el viento ni el frío; sintió que los árboles en esa época la reflejaban incluso mejor de lo que lo hacía el espejo (...).

02/10/2013 23:09